Día 117

No Tú, Sino Yo

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¿Por qué extrañas Mi voz? ¿Por qué piensas que no puedes oírme a cada hora de cada día? No te estoy hablando a ti. Yo hablo solo cosas del Espíritu, cosas pertenecientes a la vida, la santidad y la justicia. Le hablo directamente al Espíritu que puse en ti. Y cuando escuchas con los oídos de la carne, no puedes oír Mi voz.

Mis ovejas oyen Mi voz y Yo las conozco, y ellas Me siguen. (Juan 10:27) Mis ovejas también oyen otras voces. La lujuria tiene voz. La idolatría tiene voz. La avaricia tiene voz. El orgullo tiene voz.

Ya para ahora, deberías entender que uso patrones para enseñarte. Estos patrones no pretenden ser misteriosos; al contrario, están destinados a ser rastreables y detectables. Aquí no es diferente.

Escúchame, hijo Mío. Puede que hable con una voz suave y apacible, pero una mente aquietada y enfocada en Mí la oirá alto y claro. No doy piedras (preceptos difíciles de entender) cuando pides maná (alimento espiritual) (Mateo 7:7-11). ¿No te he dicho que sé lo que necesitas antes de que lo pidas? (Filipenses 4:19)

Te estoy hablando en cada momento. Siempre estoy aquí; siempre preocupado; siempre adelante de ti con cosas buenas planeadas. Tengo este deseo por ti, y aunque siempre te estoy rodeando, enderezando tu camino (Proverbios 16:9), Me encantaría que te mantuvieras al ritmo. El tiempo es corto. Las bendiciones se retrasan por la indiferencia a Mi voz.

Escucha según Mi voluntad. Escucha con el Espíritu que puse en ti. Mi lenguaje es el lenguaje del amor, pero no olvides; Mi amor exige disciplina cuando la disciplina es necesaria.

Puedes terminar con toda duda de Mí confesando toda duda de Mí. Así es como te sano. Tú confiesas; Yo sano. Es solo entre nosotros. Ven a Mí y tendremos la victoria, juntos, como Uno.

© Serie Devocional Suffer Well